«Yo nací el 16 de marzo del 1967. Pero tengo otra fecha de nacimiento que recuerdo con mucho cariño: el 16 de agosto de 2024”, subrayó sobre la fecha en que fue transplantado el ahora renovado cardiópata, de 57 años, en el Hospital Rafael Ángel Calderón, por el cirujano de tórax Luis Carlos Montero, y aval mediante de la Caja Costarricense de Seguridad Social.
Según este vecino del capitalino cantón de Coronado, ingresado siete meses atrás, el órgano implantado es una suerte de «turbo» o «motor» que permite circular la sangre hacia el cerebro, los brazos y las piernas ante una falla en el ventrículo izquierdo.
El doctor Montero, en cambio, describe al órgano como “una bomba centrífuga que funciona por levitación magnética, y hace que no haya tanta fricción, que exista menos trauma a nivel de glóbulos rojos, plaquetas y demás, y cause menos coágulos y problemas para el dispositivo respecto a modelos previos».
«Lo que hacemos –amplía el cardiocirujano- es en la punta, en el ápex, ubicamos el punto necesario, hacemos un orificio y ahí, en esa parte, lo que hacemos es implantar con suturas especiales un anillo metálico que va con un fieltro especial para evitar que haya fugas de sangre”.
Una vez que se implanta el anillo en el ventrículo izquierdo, colocamos la bomba de sangre y, luego, mediante una unión de una prótesis con la aorta ascendente (anastomosis) conectamos el circuito, narra el médico.
De acuerdo con el doctor Montero, “en todo el proceso, se realizan varios purgados, a fin de mantener libre de aire el sistema, para evitar émbolos que puedan provocarle al paciente eventos cerebro-vasculares o isquemias”.
También –precisa- se deja una «línea de vida» que, en el caso de Henry, sale de su cuerpo, y es un cable que permite conectar el dispositivo para transmitirle energía a través de baterías, pero, en este caso concreto, el paciente cuenta con baterías de hasta 68 horas de duración.
El procedimiento en cuestión, sin embargo, tiene una alta complejidad, opinan tanto el doctor Montero, como el jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos Quirúrgicos, Jorge Ramírez, cuya coincidencia quirúrgica y científica entre ambos contribuyó al éxito del transplante.
Por ejemplo –ilustran- un paciente con una insuficiencia cardiaca avanzada tiene una mortalidad del 50 por ciento en los seis meses posteriores a la intervención.
El paciente Sánchez tenía una contraindicación absoluta para un trasplante de corazón, debido a una presión pulmonar elevada, por lo cual el equipo decidió explorar la posibilidad de uno mecánico, y emprendió una serie de coordinaciones logísticas y evaluaciones al paciente, hasta que procedió a la compra del implemento médico.
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